Los estilos musicales se definen por una serie de pautas estéticas y (en el mejor de los casos) por una serie de pautas ideológicas y en el caso del punk rock, la fórmula se podría resumir a “contar cuatro tiempos y romper todo”.

Aunque los libros de la historia oficial dicen que este estilo lo perpretaron los hijos de los obreros en Inglaterra durante la depresión económica de los años 70, existe un grupo precursor de la anarquía, furia y ruido hechos canción en la banda “Los Saicos” provenientes del distrito de Lince, en Lima, capital de Perú.

Aunque su música tiene claras reminiscencias al surf rock y al garage rock, innovaron con la inclusión de varios elementos del punk: le faltaron el respeto a la autoridad, incitaron la destrucción de la propiedad pública, grabaron en condiciones paupérrimas, entre otras cosas. Más allá del chiste, el hecho de que publicaran canciones con letras originales y en español, para la época fue todo una novedad.

En sus cortos dos años de carrera (de 1964 a 1966) lograron un envidiable éxito entre los jóvenes, ansiosos de una figura disruptiva del poder en donde proyectar sus frustaciones. Se codearon con artistas afines como Jean Paul “el Troglodita” y “Los Stevios”. Tales fueron los efectos de la denominada Saicomanía que hicieron una serie de presentaciones televisivas con un ciclo llamado “El Show de los Saicos”.

La leyenda urbana cuenta que su sonido furioso característico fue el resultado de que no había manera de que escucharan lo que estaban tocando mientras grababan. A falta de retornos, gritaban.

Por su invalorable aporte a la cultura popular, los integrantes de “Los Saicos” recibieron una condecoración oficial del gobierno de Lince y se colocó una placa conmemorativa en la plaza donde se conocieron.

Como broche de oro de tanto necesario revisionismo histórico, el cineasta Héctor Chávez realizó el documental “Saicomanía”, que no encontramos para ver online por ningún lado.

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